
Hay cosas y días en la vida en que siempre se nos viene una montaña encima. Otros, en que nosotros vamos sobre la montaña y otros en que simplemente no hay nada por venir o que venga a nosotros.
Así a ratos se va la vida sin mucho que invertir y que pensar; solo viviendo lo que va sucediendo en el momento,
segundo, minuto o alguna hora determinada que marca ese instante y que luego solemos olvidar.
Por otra parte, hay cosas que nunca dejamos pasar y se transforman en un disco que solemos tocar día tras día sin parar. Uno que por cierto pasa a ser la banda sonora de nuestros momentos mas felices y los mas tristes por cierto.
Aquí es cuando solía decir: "que grande soy". Claro; darme cuenta en mi complejidad de entendimiento perfecto para los demás y muy poco para mi mismo, que no todo es lo que yo veo y que me encierro en cosas que son mas sencillas de lo que parecen. En cosas que no tienen que ver con la realidad aparente y se transforman en una realidad ficticia que solo yo quiero vivir.
Que grande soy al darme cuenta entre cada lágrima que sigo siendo y seré ese que siempre me han dicho: Una gran persona. Más niño y mas inmaduro a ratos, pero ciertamente mejor calibrado para enfrentar cosas difíciles y sacar siempre lo mejor de mi existencia para con los demás y por su puesto para conmigo mismo.
